Una víspera que nos invita a volver al corazón
Hace
unos años, mi hijo mayor vio una película y empezó a cantar una frase que se me
quedó grabada: “Después de todo, solo falta una noche para Navidad.”
Verlo —tan pequeño— cantar con tanta emoción
realmente me llegó al corazón. La frase viene de The Muppet Christmas Carol
(Henson, 1992), donde la canta la Rana René. En su inocencia entendí algo
simple pero importante: que lo mejor de la Navidad es compartir tiempo con la familia.
Si para
él solo faltaba una noche para Navidad, entonces también faltaba una noche para
celebrar juntos lo más valioso que tenemos: la familia.
Después
de todo, solo falta una noche para Navidad.
Y en
esa espera tranquila, uno siente que algo dentro empieza a acomodarse, como si
la Navidad ya estuviera por llegar.
La
Navidad suele llegar así: sin apuros y de manera simple, como algo familiar. No
empieza con una fecha ni con un adorno, sino con una sensación, un pequeño
movimiento en el corazón que nos recuerda algo que ya conocemos.
Las
luces en las calles no solo iluminan; también nos recuerdan que incluso en los
días más fríos siempre hay un poco de claridad. Y mientras camino, siento que
cada luz me acompaña, como si entendiera que uno llega a diciembre con
historias, distancias, despedidas y también con una esperanza que se mantiene
viva.
En
casa, el olor del pan recién hecho se mezcla con las voces de quienes están y
con el recuerdo de quienes ya no están, pero siguen presentes de alguna manera.
La
Navidad tiene esa forma especial de unir lo que vemos y lo que sentimos.
Y en
medio de todo eso, recuerdo que esta noche no celebramos solo una tradición:
celebramos que Dios decidió hacerse Niño para estar cerca de nosotros, incluso
en los momentos más difíciles. Esa idea sencilla me acompaña y me da paz.
Entonces
entiendo algo más: la Navidad no es solo una fecha ni un regalo. Es un momento
para volver a lo importante, a lo que realmente nos sostiene y permanece. Es
recordar que, aunque el camino haya sido largo y la vida nos haya llevado
lejos, siempre existe un lugar donde podemos encontrar luz, donde los recuerdos
nos acompañan y la fe nos da fuerza.
Por
eso, en esta Navidad no pido nada. Simplemente abro las manos, dejo que llegue
la luz y agradezco estar aquí: vivo, acompañado y guiado por algo más grande
que yo.
Antes de seguir, quiero hacer una pausa y respirar profundo.
Porque
toda Navidad necesita un momento de calma, un espacio para abrir el corazón y
dejar que lo importante encuentre su lugar.
“Que el Dios hecho Niño encuentre nuestros corazones despiertos, que los recuerdos nos abracen sin dolor, y que la esperanza nos guíe hacia lo que aún no conocemos.”
Reflexión personal
Hoy,
desde este nuevo país que ahora es mi hogar, entiendo que la Navidad también
marca una transición entre lo que fui y lo que estoy aprendiendo a ser.
Crecí
celebrando una Navidad cálida, a veces con lluvia y con el olor a tierra húmeda
que anunciaba la noche. Era una Navidad que conocía bien y que siempre me
resultó familiar.
Pero la
vida me llevó lejos, y tuve que adaptarme.
Al
principio, la nieve y el frío me parecían extraños, como si la Navidad fuera
diferente aquí.
Con el
tiempo, me di cuenta de algo sencillo: el frío se siente menos cuando la casa
está llena del cariño de los hijos y de la esposa.
La
nieve deja de ser un obstáculo cuando el hogar se convierte en un lugar seguro.
Y
también descubrí que, incluso en este invierno nuevo, la Navidad llega igual.
Escribo
esto para recordarme que la Navidad no depende del clima, sino de la
disposición del corazón.
Y si
puedo pedir algo para quienes leen Kambiemos, es que esta Navidad les dé un
momento de paz, un abrazo sincero y la tranquilidad de saber que la luz —esa
que siempre nos busca— también los encuentra a ustedes.
Conclusión
Antes
de terminar, hago un último silencio.
Un
silencio pequeño, como el que precede a algo importante.
Porque
la Navidad, en el fondo, es una invitación a detenernos y reconocer que lo más
valioso de la vida está en lo simple, en lo cotidiano, en lo que tenemos cerca.
Que
esta noche, el Dios hecho Niño nos encuentre con el corazón abierto,
agradecidos por lo que fuimos, por lo que somos y por lo que aún estamos
aprendiendo a ser.
Que la
luz del pesebre ilumine nuestros hogares, y que la familia —ese primer lugar
donde aprendemos a amar— nos recuerde que nunca caminamos solos.
Y así,
con esta tranquilidad, cierro esta víspera: la luz está llegando, la esperanza
está viva y el milagro ya empezó.
Les
deseo una Navidad feliz, serena y bendecida.
Referencias
Henson, B. (Director). (1992). The Muppet
Christmas Carol [Film]. Walt Disney Pictures; Jim Henson Productions.

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